Señor, haz de mí un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga amor,
donde haya ofensa, ponga perdón,
donde haya discordia, ponga unión,
donde haya error, ponga verdad,
donde haya duda, ponga la fe,
donde haya desesperación, ponga esperanza,
donde haya tinieblas, ponga luz,
donde haya tristeza, ponga alegría.
Oh, Maestro, que yo no busque tanto
ser consolado como consolar,
ser comprendido como comprender,
ser amado como amar.
Porque dando se recibe,
olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
y muriendo se resucita a la vida eterna.
Amén
Cántico al hermano sol
Alabado seas Señor por todas tus criaturas, Y en especial por el querido hermano sol, que alumbra y abre el día, y es bello en su esplendor y lleva por los cielos noticias de su Autor.
San Francisco llamaba a los animales, al fuego y al agua, hermanos y hermanas, pues todas las criaturas provienen de la misma fuente y, por tanto, en cierto sentido, todos son miembros de una familia.
Temed al Señor y dadle honor
Digno es el Señor de recibir alabanza y honor
Todos los que teméis al Señor, alabadlo
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo
Alabadlo, cielo y tierra
Alabad todos los ríos al Señor.
Bendecid, hijos de Dios, al Señor
Éste es el día que hizo el Señor, exultemos y alegrémonos en él. ¡Aleluya, aleluya, aleluya! ¡Rey de Israel!
Todo espíritu alabe al Señor
Alabad al Señor, porque es bueno; todos los que leéis esto, bendecid al Señor
Todas las criaturas, bendecid al Señor
Todas las aves del cielo, alabad al Señor
Todos los niños, alabad al Señor
Jóvenes y vírgenes, alabad al Señor
Digno es el cordero, que ha sido sacrificado, de recibir alabanza, gloria y honor
Bendita sea la santa Trinidad e indivisa Unidad.
San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate.
Gloriosísimo Protector y Padre mío, San Francisco, a ti acudo, implorando tu poderosa intercesión, para entender el amor que Dios Nuestro Señor te manifestó al martirizar tu carne y tu espíritu.
Tus llagas son cinco focos de caridad divina; cinco lenguas que me recuerdan las misericordias de Jesucristo; cinco fuentes de gracias celestiales que el Creador te confió para que las distribuyeras entre tus devotos.
¡Oh Santo amable!, pide por mí a Jesús crucificado una chispa del fuego que ardía en tu alma aquel día dichoso en que recibiste la seráfica crucifixión, a fin de que, recordando tus privilegios sobrenaturales, imite tus ejemplos y siga tus enseñanzas, viviendo y muriendo amando a Dios sobre todas las cosas.
Rezar 5 padrenuestros, avemarías y glorias en honor de las cinco llagas de San Francisco.
Concluir con la oración final:
Seráfico Padre mío San Francisco, pobre y desconocido de todos, y, por esto, engrandecido y favorecido de Dios.
Porque te veo tan rico en tesoros divinos, vengo a pedirte limosna.
Dámela generoso, por amor al buen Jesús y a nuestra Madre, la Inmaculada Virgen María, y por el voto que hiciste de dar por su amor todo lo que se te pidiese.
Por amor a Dios te ruego que obtengas en conformidad con la voluntad de Dios, prosperidad para la Iglesia y para el Papa, exaltación de la fe, confusión de la herejía y de los infieles, conversión de los pecadores, perseverancia de los justos y eterno descanso de las almas del Purgatorio.
Te lo pido por amor de Dios.
Amén.
Oh San Francisco, que recibiste los estigmas en La Verna,
el mundo tiene nostalgia de ti como icono de Jesús crucificado.
Tiene necesidad de tu corazón abierto a Dios y al hombre,
de tus pies descalzos y heridos, y de tus manos traspasadas e implorantes.
Tiene nostalgia de tu voz débil, pero fuerte por el poder del Evangelio.
Ayuda, Francisco, a los hombres de hoy a reconocer el mal del pecado
y a buscar su purificación en la penitencia.
Ayúdalos a liberarse también de las estructuras de pecado,
que oprimen a la sociedad actual.
Reaviva en la conciencia de los gobernantes la urgencia de la paz
en las naciones y entre los pueblos.
Infunde en los jóvenes tu lozanía de vida, capaz de contrastar las insidias
de las múltiples culturas de muerte.
A los ofendidos por cualquier tipo de maldad concédeles, Francisco,
tu alegría de saber perdonar.
A todos los crucificados por el sufrimiento, el hambre y la guerra,
ábreles de nuevo las puertas de la esperanza.
Amén.