San Antonio, glorioso por la fama de tus milagros, obtenme de la Misericordia de Dios esta gracia que deseo de obtener el amor.
Cómo tú eres tan bondadoso con los pecadores, no mires mi falta de virtud, antes bien, considera la Gloria de Dios que será una vez más ensalzada por ti al concederme la petición que yo ahora encarecidamente hago. 
 
Glorioso San Antonio de los milagros, padre de los pobres y consuelo de los afligidos, te pido ayuda. 
Has venido en mi auxilio con tan amable solicitud y me has aliviado tan generosamente que me siento agradecido de corazón.
 
Acepta esta ofrenda de mi devoción y amor. 
Renuevo la seria promesa de vivir siempre amando a Dios y al prójimo. 
Continúa defendiéndome con tu protección y obtenme la gracia de poder, un día, entrar en el Reino de los Cielos donde cantaré enteramente las misericordias del Señor. 
 
Amén.
 
 
 

                                                                                                                                

 
 
Bendito San Antonio, él más gentil de todos los santos.
Tu amor por Dios y tu caridad por sus criaturas te hicieron merecedor, cuando estabas aquí en la tierra, de poseer poderes milagrosos. 
 
Los milagros esperaban tu palabra ya que tu estabas siempre dispuesto a hablar por aquellos seres con problemas o ansiedades.
Animado por este pensamiento, te imploro me obtengas la gracia de encontrar el verdadero amor. 
 
La respuesta a mi rezo puede que requiera un milagro, pero aun así tú eres el santo de los milagros. 
 
Gentil y querido Santo, cuyo corazón siempre está lleno de compasión humana, susurra mi petición a los oídos del dulce Niño Jesús, a quien le gustaba estar en tus brazos y, así, por siempre, tendrás la gratitud de mi corazón. 
 
Amén.